Lo que comenzó como el sueño de Olivia Rodrigo de crear su propio festival terminó convirtiéndose en una jornada con una cifra difícil de ignorar. Daisy Chain Fields recaudó 20 millones de dólares para organizaciones que trabajan en beneficio de mujeres y niñas.
El festival se realizó el 29 de agosto en Great Park, Irvine, California, con un cartel integrado por artistas como Chappell Roan, Doechii, Mitski, Bikini Kill, Garbage, Rachel Chinouriri, The Breeders y Santigold.
La propuesta tenía una particularidad desde su concepción, los ingresos netos serían destinados a 10 organizaciones sin fines de lucro enfocadas en distintas problemáticas relacionadas con mujeres y niñas.
De $10 a $20 millones
Antes del festival, se había anunciado que la venta de boletos ya había generado 10 millones de dólares para las organizaciones participantes.
El total aumentó durante el cierre de Daisy Chain Fields. Durante su presentación, Olivia Rodrigo invitó al escenario a Melinda French Gates, quien anunció que duplicaría esa cantidad con una nueva aportación de 10 millones de dólares.
El resultado, 20 millones de dólares recaudados a través del Daisy Chain Fields Fund.
Entre las organizaciones beneficiadas se encuentran Baby2Baby, Black Mamas Matter Alliance, Center for Reproductive Rights, FreeFrom, Jhpiego, Johns Hopkins Center for Indigenous Health, National Domestic Workers Alliance, National Institute for Reproductive Health, National Women’s Law Center y Planned Parenthood.

Un festival diseñado alrededor de su propósito
La identidad de Daisy Chain Fields también apareció en la experiencia del público, desde mercancía con mensajes relacionados con el feminismo hasta botones que los asistentes intercambiaban como una especie de nueva versión de las friendship bracelets.
El escenario también sirvió para que varias artistas hablaran directamente con el público.
Kathleen Hanna, de Bikini Kill, aprovechó su presentación para compartir reflexiones sobre activismo y animó a las generaciones más jóvenes a seguir cuestionando y enseñando a quienes llegaron antes. Shirley Manson, de Garbage, convirtió un problema técnico durante el set de la banda en otro mensaje: ‘equivocarse frente a miles de personas no significa que todo esté perdido’.
Mitski, por su parte, habló de la importancia de haber formado parte de la primera edición y llegó a plantear que el festival debería repetirse cada año.
Un cierre con historia
El último tramo de Daisy Chain Fields reunió a varias generaciones de música alrededor de Olivia Rodrigo.
Su presentación incluyó canciones como “Drivers License” y “Deja Vu”, además de “Serena Joy”, y contó con una banda integrada completamente por mujeres.
Uno de los momentos más especiales llegó cuando Sarah McLachlan apareció para interpretar “Building a Mystery” y “Angel”. Más tarde, Alanis Morissette se sumó para “Ironic”, después de que Karen O tuviera que retirarse del cartel por un asunto personal.
Para el encore, Olivia compartió escenario con Stevie Nicks en una interpretación de “Landslide”. Y justo antes de terminar, dejó una última noticia: Daisy Chain Fields regresará el próximo año.
Para una primera edición, la combinación de un cartel de alto perfil, una identidad claramente definida y 20 millones de dólares destinados a organizaciones sociales deja una vara bastante alta. Pero quizá lo más interesante del festival está ahí: Olivia no presentó la música y la causa como dos elementos separados, sino como parte de la misma experiencia.

